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Función formativa del Diseño Industrial

22/05/2010 |
¿Cuál es la misión social del Diseño Industrial? El diseño forma parte del sistema de moda y consumo. Y el diseño es nexo entre la industria y la sociedad; interpreta los avances tecnológicos en función de su aplicación en la vida cotidiana. Así, es capaz de generar nuevas conductas, cambiar el modo en que se relacionan las personas entre sí y con los productos que las rodean. ¿Aprovechará el diseño su potencial en la formación ética y estética de la sociedad?
“Y considero que el diseñador tiene mucho que hacer para mejorar esta compleja relación que se da en el entendimiento de su cosmos mediante el objeto (significar el mundo exterior), y del individuo con el objeto y su formación a partir del mismo.”

Son éstas y otras razones (como el hecho de ser un nexo de la industria, la investigación, etc., y la sociedad) que hacen del diseño industrial una práctica popular, en el sentido de su impacto cultural, que no se da así porque sí, sino que, de algún modo, su producción vendría a dar respuesta al deseo de una población (cuestión que será discutida luego.

No al diseño omnipotente

Tampoco hay que ser tan ingenuos de pensar que ahora los diseñadores tienen toda la culpa de que vivamos atados al consumo, sino que sólo forman parten de una cadena que trata de saciar las necesidades inmediatas de la gente (no sea cosa que se rompa la cortadora de césped y no podamos exhibir nuestro jardín de la casa de fin de semana al estilo cancha de golf!).

“Y ahí esta el marketing para determinar que es lo que la gente quiere. ¿Y qué peligro podría haber en ello? Ninguno, siempre que queramos seguir viviendo en un sistema de consumo perverso que es avalado por el hecho de que la capacidad de elección de los consumidores esta harto coartada.”

Pongamos el caso de los cigarillos –por ilustrar explícitamente la paradoja del consumidor consumido- que aun promocionándose como perjudiciales para la salud siguen siendo adquiridos incondicionalmente, e incluso genera, a su vez, una sub-industria para la combatir la adicción. En realidad, la mayoría de los productos contribuyen a algún tipo de adicción a este sistema de la moda que excluye de ser alguien a quien no tiene algo.

No digo que no necesitemos nada de los objetos, es más, considero que éstos pueden ayudar a conocernos, a modificarnos interiormente, siempre y cuando seamos libres de asignarle a las cosas un valor subjetivo, pues no necesitamos que nos vendan modelos artificiales de felicidad, ni que nos digan que es lo tenemos que pensar o sentir!

OK, ¿y que darles entonces? –preguntará un marketinero. Pero no debiera yo dar una respuesta pues tampoco creo que sea cuestión de darle a la gente cosas resueltas, ya consumidas de antemano, sino que sea ella la que deba resolver el sentido de su existencia y que de esta forma se apropie de su significado (y no tanto de su significante). ¿Por qué venderles una ilusión si cada uno puede construir la propia?

Es preciso acabar con esta actitud omnipotente que se rige por valores absolutos, inmutables, la misma de aquellos productos que no proponen reacciones por parte del usuario, que no admiten dialéctica alguna, que parecen querernos hacer creer que ya esta todo dicho en un manual de instrucciones.

La traumática relación entre el individuo y el objeto

¿Qué es lo que el hombre encuentra en el objeto? Tal vez sea algo que lo identifique con algún grupo social, o algo que represente su poder adquisitivo, o algo que simbolice un recuerdo, o simplemente algo que le genera algún tipo de placer. En cualquier caso el individuo vuelca sus deseos íntimos en él. Digamos vagamente que tiende a confundir las cosas, a asignarles una función sentimental (que suele exceder la cuota de expresividad objetiva). A menudo se pretende que los productos sean irrompibles, que permanezcan inmaculados durante toda su vida, el sólo hecho de pensar en un eventual daño pone histérico a muchos y lo que iba a ser placentero termina siendo un sacrificio. La explicación va más allá de las horas de sudor equivalente a precio de compra (sin menospreciar esta razón).

“El culto al objeto deviene en una ilusión de completud, en la cual se lo idealiza dejando de ver más allá del mismo. ¿No creerá que sus posesiones puedan realmente constituirlo como sujeto?”

Podría decirse entonces que el individuo mantiene una relación tan conflictiva con el objeto como la tiene con su propia existencia, en la que cada día sufre por su indefinición.

Por ello encuentro que nuestra ética esta en saber respetar al individuo para que se defina libremente, sin represiones y abandone por fin su actitud obsecuente ante las cosas.

Fuente: http://www.d-culto.com

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